domingo, 20 de enero de 2019

Anhelo final

Cuando me acaricie,
el beso dulce de la muerte,
no habrá flores,
ni llanto, ni ataúd, ni velorio
ni misa, ni cura.

Mi cuerpo,
sin alma,
convertido en polvo,
cenizas que se mezclarán en la tierra,
abono para la semilla,
que brotará y contemplará la superficie,
la savia interminable.

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