domingo, 20 de enero de 2019

Alejandra

Alejandra me mira desde el sur de mi habitación,
es la poeta, la musa, la diosa.

Sus pupilas me inquietan,
me dicen que tome la pluma y el papel.

Imposible negar una petición divina
ella ilumina el reino de las ideas.

Alejandra se complace desde el sur de mi habitación,
la diosa, la musa, la poeta.

Mira mis manos, escucha mis pensamientos,
que se plasman en versos ambiguos.

Alejandra no sonrie desde el sur de mi habitación,
es la musa, la poeta, mi diosa.

*A la Pizarnik

Anhelo final

Cuando me acaricie,
el beso dulce de la muerte,
no habrá flores,
ni llanto, ni ataúd, ni velorio
ni misa, ni cura.

Mi cuerpo,
sin alma,
convertido en polvo,
cenizas que se mezclarán en la tierra,
abono para la semilla,
que brotará y contemplará la superficie,
la savia interminable.