Un paso y luego dos,
acaricio con mis pies desnudos,
la hierba y el rocío.
No quiero despertar al ave,
el amanecer aún no ha llegado,
un cauteloso alivio.
Tu invierno insensible,
la corriente austral,
vapor de sal.
Desconozco este laberinto,
miro al firmamento,
no hay luna ni estrellas.
Candileja artificial,
cegada por tu brillo,
claustrofobia de cemento.
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